Sobre
un
eterno lago de palabras que empapan la razón,
colmado
por torrenciales lluvias de versos que Concha nos envía,
construimos
nuestras lunas y
paseamos
los zapatos tallados por su voz.
Como
ella nos dibuja, a
saltos.
MIS ZAPATOS
He salido a caminar detrás de mis zapatos.
Me he dejado llevar calle arriba
sin rechistar, no vaya a ser
que despertemos al lagarto de su siesta.
Mis zapatos y yo
hacemos una linda pareja.
Siempre estamos pendientes el uno del otro
como los grandes amigos,
cómplices en lo bueno y en lo malo,
igual que si de un matrimonio
tradicional se tratara.
Muchas veces conversamos en silencio,
bajo los chopos del paseo.
Ayer, sin ir más lejos,
yo hablaba y hablaba sin parar
de lo fácil que resulta perder la cabeza
cuando contemplas la vida
sobre unas botas de siete leguas,
frente a frente y sin complejos;
cuando no te paras a meditar
por qué no te miran a los ojos
los que deciden traicionarte
a la vuelta de la esquina.
Mis zapatos cambiaron de color
el día que descubrieron
unas enormes grietas de cordura
en el corazón de las nubes;
se pusieron tristes
y estuvieron a punto de retirarme la palabra.
Pero se dieron cuenta a tiempo
de que merece la pena algún disgusto
que otro
si se trata de compartir un sentimiento.
Concha Morales