ojos

viernes, 16 de julio de 2010

"EL SUEÑO DE VIVIR"

"Escribo porque no quiero morir".  La biografía de José Saramago, llena de sentimientos, de sencillez, de sensibilidad y rebeldía contra las injusticias sociales, se agranda con su pérdida. Ganador incontestable del campeonato mundial de Literatura, memoria inmortal en el recuerdo por la reivindicación de los derechos humanos, en estos días de triste actualidad en Irán, lanzaría sin duda enérgicos aunque  sosegados gritos de horror y desaprobación ante el inminente cumplimiento de una sentencia tan indigna como anacrónica.  

("Los derechos humanos no se cumplen en ninguna parte. Derecho a la vida, a la existencia decorosa, a comer y trabajar, a la salud y la educación. La gran batalla de la ciudadanía debe ser la batalla por los derechos humanos." José Saramago)

domingo, 4 de julio de 2010

"BANDERAS"

Si Javier Marías ha dignificado en múltiples ocasiones, desde su privilegiada y docta opinión, al balompié, tantas veces denigrado y maltratado por los cultos e intelectuales, no voy a ser yo quien le lleve la contraria. En estos momentos, que corren tiempos eufóricos por la zona futbolística hispana de la península ibérica, hay un pequeño detalle que no me gustaría pasar por alto. Un pequeño detalle que, rodando rodando, me lleva hacia un gran interrogante. Nunca hasta ahora se habían visto colgando de ventanas y balcones tantas banderas patrias como las que adornan desde hace varios días nuestras ciudades. Seamos de izquierdas, derechas o centros, los hispanenses nos hemos echado al monte del forofismo y adoramos con frenesí, sin disimulo, a once chavalotes vestidos de corto cuya mayor virtud es la sencillez y la naturalidad. Al contemplar las alegres telas rojigualdas ondeando en vertical desde cada ventana, detrás de las ventanillas de los coches, camionetas o escaparate de los comercios... me digo en voz alta: ¡Oye,! ¿y por qué maldita razón no ocurre lo mismo en los despachos de nuestros políticos? Falta la bandera de la unidad, de la lucha conjunta, del fútbol total contra las desigualdades sociales. Hay posibilidades, ojalá, de que la selección española se proclame campeona del mundo, pero de lo que no me cabe ninguna duda es de que en este país nuestro, tan anárquico y conservador a la vez, la única bandera que, hoy por hoy, está guardada bajo llave en el arcón sin fondo de la ineficacia política es la del entendimiento y el sentido de equipo.