ojos

miércoles, 31 de octubre de 2012

LA VIEJA ENCINA

He descubierto el secreto de la Vieja Encina. Como os conté días pasados, esta "señora" me invitó a pasar unos días en los bellos parajes del antiguo reino nazarí, donde ella habita. Nos conocimos a través de nuestros respectivos blogs y sintonizamos en seguida. ¡Quién puede negarse a visitar una tierra soñada por todo el mundo, como dice la canción! Yo ya la conocía porque hace unos cuantos lustros me llevaron de excursión en unas vacaciones veraniegas. El recuerdo que tenía de mi breve estancia (donde transité por el más emblemático de los monumentos y una de las maravillas del mundo) era tan, tan agradable y evocador que mis ganas de volver a pasear por el empedrado de las callejuelas de sus barrios más representativos (Sacromonte, Albaicín...) eran enormes. Si a esto añado que había llegado a mis oídos la inauguración de una casa-museo de Federico García Lorca en la antigua finca de su familia, la Huerta de San Vicente, el resultado es que para mí se hacía imprescindible darme una vuelta por Granada y su esplendor histórico y literario. 

Y aquí es donde entra en acción una respetable y virtuosa "señora" escondida tras el apelativo de "Vieja Encina". Desde su sencillo y entrañable blog,  me animaba a pasearme otra vez por las callejas clásicas, llenas de sabor y tipismo del auténtico, y me alentaba a conocer los cambios habidos en las ramblas, plazuelas y nuevas y grandes avenidas de la ciudad. Ella me guiaría a lo largo de mi estancia en la capital; me enseñaría su villa natal, La Zubia; me presentaría a sus amigos del Club de Lectura y de la Biblioteca... ¡en fin! haría de anfitriona convidante en el más amplio sentido de ambas  palabras. 

Como narré en mi entrada anterior, llegué a Granada y salí de Granada yo solita con mi mochila a cuestas, aunque, eso sí, con la maleta repleta de inesperados afectos y con mi gato, Kafeto, al otro lado de la línea y extrañamente enganchado a un teléfono tan invisible como inexplicable. Visité la Zubia, su parque de la Encina, su Biblioteca. Conocí a Lola, Maruja y Silvia. Me agasajaron, me mimaron. Me recibieron y despidieron con los brazos abiertos. Vamos, como se suele decir, "me trataron como a una reina", aunque en mi caso, mejor diría "me trataron como a una presidenta de la república", es decir, con todos los honores y fanfarrias. Tan envuelta por la emoción me encontraba, que mientras permanecí en tan grata compañía no me percaté de que el tiempo volaba y volaba. Y, detalle que omití en mi primera entrada, Kafeto, mientras tanto ¿en Madrid? esperando mi llamada. Tampoco os he contado que a mi gato le hubiera hecho una ilusión tremenda acompañarme en el viaje. ¿Motivos? Aparentemente, dos pizpiretas gatitas negras zaínas que, desde su alojamiento gratuito en la finca de los García Lorca, y previendo mi llegada (ya se sabe que los gatos tienen una extraña telepatía para presentir los acontecimientos que a nosotros nos pasan inadvertidos) olisquearon a distancia un perfume, para ellas cautivador, que les llegaba desde mis ropas y mi maleta. Bien es verdad que, a lo mejor, no es tanto el milagro ya que me alojaba a corta distancia del paraje por donde deambulaban las gatitas. 
Toda esta explicación viene a cuento porque Kafeto, el muy tunante, aliado a mis espaldas con la susodicha Encina,  les había prometido que me acompañaría a conocerlas. Pero no. Kafeto no estaba por la labor de incrementar su nómina de amistades gatunas. Fue su gran pretexto. El granuja a quien pretendía rondar es a una graciosa y simpática ratita rusa de precioso pelaje color nieve de enero, de nombre desconocido para mí, que compartía rincones en la Huerta de San Vicente con las gatas antes mencionadas. Por eso digo que he descubierto el secreto de la Vieja Encina. Ahora lo veo todo muchísimo más claro. La ira de Kafeto. La llamada de Kafeto. El interés de Kafeto. En definitiva: ¡Qué orgullosa estoy de Kafeto!
De todo este peregrinaje he sacado dos conclusiones: Que los gatos son mucho más inteligentes de lo que nos dan a entender y que, tanto Kafeto como yo, hemos hallado en Granada motivos para regresar el día menos pensado.



F    I    N



domingo, 28 de octubre de 2012

DEDICADO A MARUJA

Hace unos días, mi amiga Maruja me escribió un poema desde su blog y me invitó a tomar otra taza de café, enriquecida con todo su cariño,  cuando vuelva por La Zubia. Acepto encantada, con la condición de que Kafeto me acompañe y de que nos localice a La Vieja Encina, que sigue en paradero desconocido. 

La magia no existe, existen los magos.
La amistad no existe, existen los amigos.
El amor no existe, existen los amantes.
El árbol, la aurora, los atardeceres
se dan cuenta de todo
lo que pasa cuando un mago
se coloca la chistera del revés;
cuando un amigo nos abraza en tecnicolor
como si la película del domingo
fuera la de toda la semana;
cuando un árbol está triste
o alegre
y le crecen ramitas asilvestradas
justo en el borde del tallo más débil.
Me tomaré contigo esa taza de café
todas las veces que sea necesario;
por la mañana o entre dos luces,
en el anochecer o a las siete menos cuarto.
La hora es lo de menos,
lo verdaderamente importante
es que la cafetera nunca se quede vacía.


lunes, 22 de octubre de 2012

LA ZUBIA - Narración basada en hechos irreales... casi todos.

Kafeto me preparó la maleta con todo esmero e ilusión. El viaje que iba a realizar a una de las ciudades más bellas del mundo lo merecía: Granada. El centro de la comarca Vega de Granada como destino de unas pequeñas vacaciones siempre resulta atractivo para cualquier viajero que busque disfrutar de los buenos manjares, tanto en el terreno  con tradición e historia.  Pero no solo eran unas vacaciones.
"No te olvides los zapatos de siete leguas." Me advirtió mi gato a voz en grito. "¡Querrás decir, las botas!" Contesté un poco molesta por la confusión. "No, Koncha. Los zapatos. Las botas son las que usaba el famoso gato del cuento. Esas no vas a necesitarlas, pero sí tus zapatos." 
Sin rechistar, hice lo que Kafeto me aconsejó. Me costó un gran esfuerzo cerrar la cremallera de mi maleta con ruedas (parece ser que las palabras transportín o trolling aún no están admitidas por la RAE) porque mi muy inteligente morroño la había atiborrado de trastos inútiles, tales como un pequeño libro de poesías, la última edición de "El Principito", un trocito de rayo de luna doblado cuidadosamente para que no se deformara y, lo más importante para él, la dirección de la persona a la que debía una visita de cortesía porque, en su momento, escribió una pequeña crónica sobre algunos versos que yo dejé caer, como por casualidad sobre su blog.
"La Vieja Sirena, se llama la Vieja Sirena, le dije,  y vive en un pueblecito a las afueras de Granada, no seas pesado." 
"¡¡No te enteras de nada, Koncha, mira que eres despistada!!" 
Si no me aparto con rapidez, me pega un mordisco en el dedo meñique de la mano derecha, que es con la que yo estaba cerrando la maleta. 
"¡LA VIEJA ENCINA, su nombre es la Vieja Encina! La encontrarás en La Zubia, una preciosa villa situada a los pies de los gigantes de la ruta granadina. La verdadera etimología del nombre procede del árabe "al-Zawiya" que significa «retiro» o «lugar de descanso», ya que al parecer durante la época nazarí La Zubia era un lugar de recreo para la gente pudiente de la capital." Tan enojado estaba mi gato conmigo que ni me fue a despedir a la estación. 
El tren llegó a la capital con inaudita puntualidad. Y ya me dejó más estupefacta todavía la facilidad con que localicé el hotel donde me iba a alojar. Todo sobre ruedas. Ahora faltaba subir a la Zubia y localizar a la señora que había tenido la amabilidad de dedicarle un ratito de su valioso tiempo a mis poemas. Tampoco fue difícil porque nada más preguntar por ella me supieron informar de hacia dónde me tenía que dirigir. Entré en el parque que me habían indicado, confiada en encontrármela sentada en alguno de sus vetustos bancos. Pero allí no había nadie esperándome. 



Un poco aburrida, me dirigí hacia la Biblioteca de La Zubia para preguntar por mi desconocida anfitriona.
Allí me recibió una amable vecina, dijo llamarse Silvia, que casi se parte de risa cuando le hice la pregunta de rigor. Yo no le veía la gracia por ninguna parte, pero me callé, me di la vuelta y retorné mis pasos, de nuevo, hacia el parque, no sin antes rogarle a la simpática Silvia que me sacara una fotografía para recuerdo de mi estancia allí, a lo que accedió gustosa y solícita. 

La hora de la merienda se acercaba y mi señora Vieja Encina no aparecía por ninguna parte. Pero sí se presentó una amiga de Silvia, Maruja, encantadora y agradabilísima (también hacedora de versos como yo) que nos invitó a su casa a tomar un cafelito calentito, acompañado de un exquisito pastel horneado por ella. La tarde fue una delicia gracias a estas dos vecinas salidas de la nada. Cuando me quise dar cuenta estaba anocheciendo y decidí regresar a mi hotel, no sin antes agradecer con entusiasmo el recibimiento y el trato que me regalaron mis dos nuevas amigas. Nos intercambiamos los teléfonos y quedamos en vernos algún día, no lejano. Granada es la ciudad de los mil regresos y La Zubia no le queda a la zaga. No me cabe ninguna duda de que volveré. 
Antes de abandonar el pueblo, me paré un momento para leer un poema que el poeta de allí, Luis Melgarejo, le dedicó hace tiempo. De La Vieja Encina prefiero no acordarme. Porque como me la encuentre en mi próxima visita, más le vale disfrazarse de alcornoque, de nogal o de tilo. ¡No comprendo cómo existen en el mundo personas que le conceden a la palabra dada tan poco valor!
Enfurruñada y decepcionada, volví a mi alojamiento capitalino. Cuál no sería mi grata sorpresa al encontrarme en la recepción a una de mis nuevas amigas, Silvia, con una sonrisa que se le escapaba escaleras arriba, y con el móvil en la mano. "Koncha, es Kafeto. Dice que partas ahora mismo para Madrid. Será él quien venga a entrevistarse conmigo."

Continuará... porque una vez que Kafeto haya encontrado, a través de Silvia, a la señora Vieja Encina, espero que me llame para conocerla, al fin. Lo que no acabo de entender es la insistencia gatuna en que metiera en la maleta mis zapatos de siete leguas.

P.D. Todo parecido con la realidad es mera coincidencia.


sábado, 13 de octubre de 2012

A K R A M



Cada verano, Akram retorna a Madrid desde los campos saharauis para disfrutar dos meses de juegos y emociones junto a Javi, su “hermano del alma”. 


Cuando recaló en la gran ciudad europea no levantaba los ojos del suelo. Tembloroso y huidizo, traía como realidad la extrema pobreza, los rigores del hambre y la esclavitud sobre sus hombros desnudos de caricias. 

- Me llamo Javi. Quiero ser tu hermano desde ahora. 

- ¡Ya tengo nueve hermanos! En la jaima no cabe nadie más, contestó turbado. 

Una sonrisa de complicidad bastó para que sus temores desaparecieran. Al lado de Javi compartió secretos con la mirada y descubrió el valor de los abrazos con sabor a caramelo de fresa. 

Llegado el otoño, de regreso a su hogar de granitos de arena, siempre se lleva abrochado a la maleta el anhelo de una vida futura más justa, de un porvenir menos ingrato y brutal. 

miércoles, 10 de octubre de 2012

LO QUE PUEDE EL DINERO

Estas verdades fueron escritas allá por el siglo XIII. Ahora estarían en el "Top ten", serían "Trending topic" y arrasarían en las emisoras de radio y televisión.
Versión de Paco Ibáñez

miércoles, 3 de octubre de 2012

¡¡PORFA... GRACIAS!!

NOOOOOOOO
A la verificación de palabras

Es la segunda vez que hago una entrada para pediros este favor.  La primera, fue un fracaso absoluto. Ojalá ahora consiga algo más. Hay blogs buenísimos a los que estoy dejando de visitar por este tema. ¡Es un engorro absoluto, por momentos, desesperante! Por mucho que te estrujas los ojos y los encoges hasta el infinito no hay forma de descubrir cuáles son las letritas que siguen al numerito, o al revés. 

Se supone que es para evitar el spam, pero en mi caso, lo que está evitando es mi visita a determinados blogs.

Mi agradecimiento a los que os deshagáis de este incordio y mi adiós definitivo a poner comentarios a los que persistáis. ¡Es que me dejo los ojos y la paciencia, de verdad! Fijaos de qué color se me están tiñendo...

Para quitar Verificación de las palabras: Ir a DISEÑO >CONFIGURACIÓN >ENTRADAS Y COMENTARIOS > MOSTRAR VERIFICACIÓN DE PALABRAS > NO