ojos

jueves, 20 de febrero de 2014

ESTALLIDO

Kiev. 11:30 de la mañana: "Un hombre de 55 años fue hallado este lunes colgado en lo que queda de un inmenso árbol de Navidad en la plaza de la Independencia de Kiev, epicentro de la ..." Hojeo la prensa del día, mientras aguardo que me reciba mi cirujano estético. Un ligero hedor se ha esparcido de repente por la salita de espera. Sangre, humaredas, corazones estallados, armas de combate, caos, violencia, hileras de camillas espectadoras inertes de la tragicomedia, se agolpan delante de la puerta de entrada a la consulta: "Algunos de los fallecidos han muerto por heridas propias de disparos de francotiradores..." ¡Qué barbaridad! Si es que deberían liquidarse unos a otros, así nos ahorrarían el sufrimiento a los que pretendemos vivir como personas de orden. A mi lado, la señora de pelo caoba, gafas ojos de búho, y piel alisada hasta límites inverosímiles, afirma con la cabeza. Ya no puede una ni leer el periódico a gusto, exclama, al tiempo que una mueca de desaprobación le rasga la mejilla de lado a lado. ¡Nuestro Caudillo tendría que resucitar! Disculpe, le digo, por suerte, esto ocurre a casi tres mil kilómetros de aquí... Ah, bueno, entonces que se maten entre ellos y aquí paz y después, gloria. "Los muertos y heridos se han producido junto a la plaza de la Independencia. Todos han muerto por herida de odio".