ojos

miércoles, 3 de febrero de 2016

TRASPIÉ




Descendí por las escaleras del metro como un saltamontes. Iba tan descontrolada que no me fijé en ella. A las ocho de la mañana, camino del trabajo, entre el sueño y las prisas, cualquier estación del suburbano madrileño  se convierte en un maremágnum de cuerpos que deambulan como autómatas por los andenes. Tropecé y caí de bruces sobre una sábana. Pulseras, collares, abanicos, gafas y demás abalorios salieron despedidos a lo largo del pasillo. El golpe me dejó tan aturdida que no podía ni levantarme. Me miró con gesto de horror y vino hacia mí, mientras bramaba a voz en grito unas palabras ininteligibles. Me asusté al verle tan irritado. Se acercó, me levantó con sumo cuidado y cuando comprobó que mi estado de salud no había sufrido daños, con paciencia y serenidad, se puso a colocar de nuevo su sustento encima de la sábana.

3 comentarios:

trimbolera dijo...

Parece muy real ... Besetes.

Margari dijo...

Parece tan real que tengo que preguntarte...¿Te pasó? Si es así espero que estés bien. Bonito gesto por parte del vendedor. Aún hay humanidad en este mundo.
Besotes!!!

KONCHA MORALES dijo...

No, por suerte es todo ficción. Pero podría haber ocurrido. El metro de Madrid, en horas punta, da pie para miles de historias. Besitos a las dos.