ojos

martes, 22 de enero de 2013

SABIOS

La señorita de las uñas pintadas de rosa abandonó por un instante su puesto de dependienta detrás del mostrador y se asomó a través de los cristales del gran escaparate. La ciudad se despertaba con lentitud. Apuraba el último sorbo de café con parsimonia, lenta, sosegada. La vendedora extendió su vista hasta más allá de la última línea del horizonte. Buscó algo que pudiera perturbar aquella bonanza tan inesperada como poco habitual. Los vecinos del contorno salían de los portales de sus casas exhibiendo una sonrisa beatífica en sus rostros. Los vehículos no circulaban en masa por la calzada. Apenas dos o tres bicicletas eran pedaleadas con parsimonia por sus ciclistas. La joven, depositó una cajita de cristal sobre un pequeño expositor, el más próximo a la diáfana vidriera. Tosió, dos o tres veces, antes de dirigirse a la puerta de entrada al local. Tranquila, pausada, reposada. Con su mano derecha, dio la vuelta al cartel que colgaba de la puerta de entrada. ABIERTO. 

La señorita de las uñas pintadas de rosa, suspiró. Miró el reloj de pulsera que adornaba su muñeca izquierda. La esfera, de un blanco inmaculado, señalaba las doce menos veinte. Los vecinos del contorno tomaban posición delante del café de media mañana. Las bicicletas descansaban apoyados sus pedales sobre el borde de las aceras. La cajita de cristal suspiró. En los alrededores de la tienda, un par o tres de madroños se dejaban acariciar por el sol del mediodía. Un diminuto saltamontes se posó durante unos segundos justo en el centro de la luz ámbar del semáforo. Los peatones, tal vez cuatro o cinco, cruzaron sin dificultad de una acera a otra de la calle principal. 

La puerta de la tienda se abrió con brusquedad... pero nadie saludó al otro lado de la cancela. La señorita de las uñas pintadas de rosa estornudó estrepitosamente y con lentitud empujó de nuevo la puerta hasta que esta se cerró por completo. Cogió una pequeña escalera, la extendió, subió dos peldaños y, de una de las estanterías,  tomó entre sus manos una minúscula figura de alabastro que representaba a Séneca. Se bajó con cuidado. Miró la  efigie del filósofo, volvió a suspirar y la dejó sobre una repisa. Un reloj de cuco en la tienda de al lado acababa de dar las dos menos cinco. La hora del almuerzo, se dijo. Pasó a la trastienda, descolgó su abrigo de la percha donde estaba situado y se lo echó por los hombros. Atravesó el estrecho pasillo que la separaba de la estancia principal y se dirigió hacia la salida. Levantó el cartelito que colgaba de la puerta y le dio la vuelta. CERRADO.



P.D. "Hace falta toda una vida para aprender a vivir".  SÉNECA.

15 comentarios:

Román dijo...

¡Hermana, que se te echaba de menos! Desde que has pasado a mejor vida, sin eufemismos de ningún tipo, se te nota que estás más relajada. Y con esta historia que nos cuentas, pues, que yo también me he quedado muy tranquilo... Aprendiendo a vivir.
Muases para una hermana y un Kafeto sabios.

Mela dijo...

Me ha gustado conocer a la señorita de las uñas pintadas de rosa.
También me ha gustado la frase de Séneca.
Besos

Aglaia Callia dijo...

Qué gusto leerte, Koncha, y con una entrada como las que acostumbras, geniales, he disfrutado mucho leyéndola.

Un abrazo.

trimbolera dijo...

Me ha gustado la paz de la señorita y su determinación. Besicos.

Jara dijo...

Creo que yo aún no me he aprendido bien la lección. Ahora mismo, en este momento, me gustaría ser capaz de mantener la misma aptitud de tu dependienta de uñas pintadas de rosa.
Lo intento.

Besos

Marilú CuEnTaLiBrOs dijo...

Me ha gustado mucho, con decisión y sabiduría, sin duda. Besos

Lídia dijo...

Koncha que relato más bonito y original, me encanta!!!!
Un beso y ronroneos para Kafeto de parte de Luna.

Pablo García Fernández dijo...

Tu texto, además de precioso, respira paz Koncha... ¿Será porque la estás consiguiendo?...

Un abrazo.

Pedro Luis López Pérez (PL.LP) dijo...

Un relato lleno de paz interior y relajamiento personal, que tanta falta hace...Me has dejado como en un baño de burbujas.
Abrazos, besos y muchos ronronguaus...Se te echaba de menos.

LA VIEJA ENCINA dijo...

Respondiendo a la pregunta de Pablo, diré para quien no te conozca en persona, que tu transmites esa paz y tranquilidad de la que has dotado a este relato. BSSS

Rocío dijo...

Que bonita la historia de la señorita nos has dejado a todos con una tranquilidad muchas veces necesaria asi que gracias. Besos.

Margaramon dijo...

Una historia preciosa que transmite mucha tranquilidad, eso que no nos dejan tener últimamente.
Besotes

Margari dijo...

Me ha gustado mucho conocer a esta señorita con las uñas pintadas de rosa. Mucha serenidad transmite, mucha paz... Algo que se necesita mucho ahora. Gracias por este regalazo!
Besotes!!!

Rafaela dijo...

Estupendo tu relato, muy poco común en estos días donde todo son prisas y agobios. No es fácil poseer esa calma tan relajada.
Un beso Koncha.

Anónimo dijo...

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