ojos

lunes, 25 de marzo de 2013

AL POETA DE LAS ÉGLOGAS (Desde Vallekas a Garcilaso)


"Cerca del Tajo, en soledad amena,
de verdes sauces hay una espesura,
toda de hiedra revestida y llena
que por el tronco va hasta el altura
y así la teje arriba y encadena
que el sol no halla paso a la verdura;
el agua baña el prado con sonido,
alegrando la hierba y el oído."
.    .    .    .
"Escrito está en mi alma vuestro gesto..." Recuerdo que mi cita la habíamos concertado para después de una batalla; entre verso y espada, entre sangre y besos.  Lugar: indeterminado. Fecha: sin concretar. Tú habías partido para la lucha. Eras soldado. Soldado y poeta. Amante y poeta. Alma convulsa y agitada. Yo te conocí rodeado de endecasílabos, perdido por las páginas de una antología de esas que llegan a nuestras manos en tardes de primavera.
"En tanto que de rosa y azucena..." Me pareciste un poco cursi, todo hay que decirlo, casi me atrevería a decir, amanerado y pedante. Claro que, cuando descubrí tus primeras églogas, aún andaba yo con las infidelidades de Ana Karerina. Perdida mi imaginación por las cumbres del realismo ruso, me costó trabajo habituarme a tu estética, a tus formas de galán renacentista, a tu mundo idealizado.
"Yo no nací sino para quereros..." Sorprendida y entusiasmada me dejaste en el momento en que me puse a leer alguno de tus sonetos. Y fue entonces cuando decidí tener un encuentro contigo. Yo andaba por los dieciséis y no tenía nada claro esto de las rimas, las alegorías y las esencias poéticas de los mitos de los siglos de oro de nuestra Literatura. Sin embargo, te escribí una carta, llena de vergüenza y esperanza. Pero ese día, hubo un fallo en el servicio de correos y mi paloma mensajera no salió a repartir.
"Cuando me paro a contemplar mi estado..." Esta fue una de tus estrofas que más llamaron mi atención. Tus reflexiones y las mías se entrecruzaron con varios siglos de diferencia. A partir de aquí, ya todo fue un "coser y recitar en voz baja" para que no dijera mi familia, al otro lado de la puerta de mi habitación, que me había vuelto loca de repente. Yo, tan comedida y equilibrada, medio majareta por un aventurero del siglo XVI.
"Coged de vuestra alegre primavera..." Meditaciones a voz en grito que calaron muy hondo en mi estética interior. Te hice caso. Rebusqué entre mis reliquias y apareció el sobre. La dirección estaba un poco borrosa, pero lo metí en otro más grande y escribí: Garcilaso de la Vega: POETA. Lo recibiste. A los pocos días, encontré tu respuesta en mi buzón. Podíamos vernos dónde y cuándo yo quisiera; cada vez que necesitara de tu presencia; aunque fuera a través de los siglos, de los versos cambiados de fecha, de las frases despojadas de significado por culpa de las modas y las costumbres. Me instalé, definitivamente, en tus sonetos. Conversábamos en la distancia como si fuéramos paseando por la orilla del Tajo; me mostrabas tus versos, sin nombrar en ningún momento tu afición por el arte de guerrear. Sabías de mi poca simpatía por las banderas y los estandartes.
"Por vos he de morir, y por vos muero." Tú habías partido para una batalla. La última. Eras soldado. Soldado y poeta. Amante y soldado. Yo, por aquel entonces, descubría nuevos caminos de la mano de Miguel Hernández. Soldado y poeta. Amante y soldado. Veleidades del azar. 

P.D. Dedicada a mi amiga  Mayte Esteban. Lo prometido, ya no es deuda.

7 comentarios:

LA VIEJA ENCINA dijo...

Ya lo sabes, me entusiasma tu relación epistolar con Garcilaso.
Y medio majareta por un aventurero del siglo XVI y por otro del XX un trío maravilloso.
Bgggggguasssshhhh.

trimbolera dijo...

Me he sentido como si, desde un escondite, viera pasar esa historia tan real en tus letras y tu forma de contarla, tan viva. Besicos.

Aglaia Callia dijo...

Bello, muy bello, iba a decir que me parece poesía, pero es que, es poesía.

Besos.

Jara dijo...

Las relaciones que se inician en la adolescencia calan hondo. Me han encantado lo bien que no lo has contado y mira, no conozco yo a este aventurero y creo que voy a tener que ponerle remedio. Aunque no caiga enamorada a sus pies seguro que me hace pasar muy buenos ratos.

Besos

Mayte Esteban dijo...

¡Pero qué bonito, Koncha! Ha merecido muchísimo la pena esa espera.

Me lo llevo a mi muro para presumir de amiga escritora.

Por cierto, ¿nadie se queda con el guante? ¡Vamos, que esto es muy divertido! Que alguien se anime, por fa!!!

Besos

Luis Miguel Morales Peinado dijo...

¡Y yo sin enterarme! Garcilaso de cuñado... ¿O es Miguel Hernández? Ya sabes que yo me quedaría con el segundo, hermana.
Muases intemporales.

Margari dijo...

Koncha, que te van los uniformes!! Pero qué bonito nos lo has contado! ¿Nos contarás también como fue con Miguel Hernández?
Besotes!!!