ojos

sábado, 9 de marzo de 2013

EN EL AUTOBÚS


Felipe, adiestrador de gatos por afición, sube al autobús para dirigirse a su trabajo. Nadie diría que acude con desgana, aunque en su entrecejo se dibuja, profundo y desafiante, el surco inevitable de una ensoñación abortada. Traje impecable. Sueño impecable. Sonrisa de buenos días recién acoplada a su boca. Nada más introducir el billete en la máquina canceladora, le aborda la desagradable comezón de los encuentros indeseados. De reojo y con temor, otea por encima de las cabezas de los demás viajeros, el cercano horizonte. Desde la semipenumbra de sus gafas ahumadas busca a alguien en el fondo del vehículo y se sobresalta sin remedio: ¡Ahí está, con ese gesto angelical que tanto le desespera y le saca de quicio,  junto al único asiento vacío que hay en el autobús!
 La mala suerte de los días impares me vuelve a perseguir, se lamenta, mientras un escalofrío de rebeldía le recorre la consciencia. ¡De nuevo ocurre! Siempre a la misma hora. Siempre en la misma parada. Mira. Observa. Duda. Resopla. Se aterra.  Si tuviera una varita mágica se volvería invisible en ese mismo instante o se lanzaría intrépido a través de la ventanilla de emergencia... A la suela de sus zapatos, en clara sintonía con su pensamiento,  le gustaría fundirse en un abrazo infinito con el piso centelleante del vehículo…
 ¿Me permite pasar? El viajero aliado del destino sorprende a Felipe con la inoportunidad de las buenas maneras. Como no hay hueco posible por donde el educado compañero de viaje pueda adelantarle, no le queda otro remedio que avanzar hacia el único asiento vacío que hay en el autobús.  Mientras se va acercando al inevitable y enojoso encuentro, como si del último paseíllo se tratara, maldice y maldice machaconamente para sí la letanía de los felinos acorralados en el callejón sin salida de las frases repetitivas,  aburridas y tediosas de los parecequevallover, de los eltráficoestáfatalyestonohayquienloarregle… 
 “¡Señor, oiga… disculpe… debe bajarse… hemos llegado al final del recorrido…!”

12 comentarios:

trimbolera dijo...

Siempre me haces pensar, releer y buscar ... porque tus finales son imprevisibles !!

Rocío dijo...

La de cosas que pasan en los autobuses ¿verdad?, un beso.

Pedro Luis López Pérez (PL.LP) dijo...

Esas escenas que tanto se repiten en nuestra vida cotidiana, queriendo, por momentos hacernos invisibles y esas conversaciones triviales que, a veces, exasperan.
Muy buen Relato, Koncha.
Abrazos, besos y ronronguaus.

Luis Miguel Morales Peinado dijo...

¡Que se me escapa el autobús! Yo, simplemente, miro para otro lado... Y me quedo de pie, en el centro.
Muases nocturnos.

Lídia dijo...

Cada autobús es un mundo. Yo cojo el autocar cada día, tengo sitios favoritos. Gente que no me pongo al lado ni loca xq llevan la música a tope, el típico que ocupa mucho sitio, el autobús da mucho juego.....
Un beso Koncha

LOBEZNA dijo...

Me ha encantado lo de adiestrador de gatos, ja ja ja. Un abrazo.

LA VIEJA ENCINA dijo...

Una historia muy habitual, que nos ocurre a todos aunque no seamos asiduos en el bus y un final del que ya hablaremos. Besico.

Margari dijo...

¿Cuántas veces nos gustaría hacernos invisibles? Me ha encantado Koncha!
Besotes!!!

Mayte Esteban dijo...

:( Ni me acuerdo de la última vez que cogi un autobús, voy andando a todas partes, salvo a la compra grande. Ni siquiera he montado en tren desde hace más de un año y sin embargo soy de perderme en pensamientos sobre los que me rodean.

Sin remedio.

Besos

Mayte Esteban dijo...

:( Ni me acuerdo de la última vez que cogi un autobús, voy andando a todas partes, salvo a la compra grande. Ni siquiera he montado en tren desde hace más de un año y sin embargo soy de perderme en pensamientos sobre los que me rodean.

Sin remedio.

Besos

Mela dijo...

Hola Koncha, me parece que nuestro amigo viajero se había quedado dormido y su parada... a saber dónde se había quedado.
Muy buen relato, me muero si me pasa... imposible, no me duermo viajando y es raro que vaya en autobús.
Besos

Jara dijo...

Para que no me pase a mí lo que a Felipe llevo yo mi libro siempre a mano, no me duermo y no tengo que entablar conversaciones "de circunstancias".
Me lo he pasado muy bien con tu relato de hoy.

Besos