ojos

lunes, 26 de diciembre de 2011

UNA PANDERETA SUENA...

El reloj de péndulo rojo y manillas escarlata, ding.. dong.., canta un villancico en lo alto de la pared. Un belén invisible cruza su inmenso río escarchado de lado a lado del salón. En la radio preparan con aroma de almendras el plato preferido de las familias madrileñas. Como todos los años, Chencho se pierde entre las multitudes de la Plaza Mayor. Noche de fiesta por correspondencia, noche de risas al por mayor. Lentejuelas cosidas con hilo de seda al son de panderetas que suenan en el viento, que suenan en los labios, que suenan en las manos de todos aquellos que cada solsticio de invierno celebran unas fiestas milenarias.

Las crónicas narran que antes de que un niño llamado Jesús naciera en la ciudad de Belén, mucho antes de que algunos monarcas de lejanas tierras,  tildados de magos, se presentaran con regalos fastuosos dedicados al nuevo Rey, bastante antes de que un orondo señor con largas barbas blancas y ataviado con vestimentas rojas (inspirado en un santo cristiano llamado Nicolás) cruzara los cielos del Nuevo Mundo montado en un trineo cargadito de obsequios para todos los niños buenos, existió una civilización que, por estas fechas, festejaba una tradición pagana (la del vencimiento del sol sobre las tinieblas) que tenía a la agricultura como uno de sus ejes. Allá por el año 350, a un papa cristiano se le ocurrió elegir el 25 de diciembre para conmemorar el nacimiento de Jesús de Nazaret, aunque nadie conoce el día ni el mes exactos en los que nació Jesucristo.

En el rincón más calentito de la casa, tumbado sobre una mullida alfombra, Kafeto escucha un leve tintineo de  campanillas que viene desde lo alto del invisible árbol de navidad que adorna el salón. Perplejo, se incorpora y camina con sus andares apacibles hacia el lugar de donde proviene la melodía. A medida que va avanzando por la habitación, sus bigotes se arquean, sus ojos se redondean como la luna llena y su hocico inicia unos movimientos de asombro casi imperceptibles... el cascabeleo que le sacó de su descanso se empieza a mezclar con un resonar de panderetas y zambombas.  Aturdido por el estallido de  los diversos armamentos musicales, como una flecha da media vuelta y se desploma sobre la alfombra que abandonó un ratito antes. Cierra los ojos, apoya su barbilla sobre las patas delanteras... y se deja abrazar de nuevo por la ensoñación.

5 comentarios:

KONCHA MORALES dijo...

Kafeto se enorgullece porque Román ha reclamado su presencia en estas páginas.

ROMÁN dijo...

Es que la admiración que tengo por Kafeto no la tengo por ningún otro gato... Aunque, yo diría que Kafeto... ¿Seguro que es un gato?

KONCHA MORALES dijo...

...voy a preguntárselo.

Margari dijo...

Me quedo por tu blog Koncha, que Kafeto me ha caído simpático y quiero seguir conociéndolo. Y que conste que siempre he preferido los perros, pero tu gato me ha conquistado.
Besotes!!!

KONCHA MORALES dijo...

Gracias Margari. Kafeto acaba de arquear su lomo en actitud cariñosa. Se siente muy halagado por tu comentario y espera no defraudarte en lo sucesivo. Un abrazo.