ojos

viernes, 10 de febrero de 2012

EL POTRO QUE NO SABÍA GALOPAR

 Bolero es un gran campeón. Como lo fue su padre. Como lo fue su abuelo. Por eso, su nombre completo es Bolero III. En algunos deportes, al igual que en las dinastías reales,  es costumbre añadir al nombre el número que le corresponde según el orden de llegada a este mundo. Bolero se conoce de memoria todos los hipódromos del mundo. Ha corrido, y ganado,  los más importantes premios del mundillo de los caballos. Para hacer una comparación que todos entiendan, este fabuloso campeón es como si fuera el Rafa Nadal de la hípica. Algunos entendidos comentan que uno de sus antepasados fue Bolerum, otro campeón de las carreras de cuadrigas, allá en la época de los romanos. 



Pero como no tengo cerca ningún libro de la Historia Ecuestre y, a lo mejor me equivoco en algo, mejor dejamos esto para otro momento.

Nada más nacer, el potrillo destacó entre los suyos por ser el más travieso de las cuadras. No dejaba títere con cabeza, que quiere decir que se metía en todos los charcos, que significa que era un revoltoso y un “broncas”. No paraba quieto ni un segundo. Tan pronto invadía la cuadra vecina y se zampaba toda la ración de alfalfa, como lo veías mal correr detrás del primer escarabajo que se le cruzaba por el camino. Como era tan torpe, porque Bolero era un potrillo torpón y lento de narices, todos los escarabajos, y otros pequeños insectos o criaturas corredoras, se escapaban sin dificultad de sus persecuciones. Tan lento era que su dueño siempre le reñía y le amenazaba con venderlo: “¡Nunca llegarás a ser el mejor caballo de la cuadra!” Pero a Bolero lo único que le interesaba era jugar y jugar. Era hijo y nieto de campeones y eso le bastaría para llegar a la fama sin ningún esfuerzo.
Al cabo del tiempo, Bolero tuvo que demostrar que llevaba sangre campeona en sus venas. Su primer entrenamiento fue un gran fracaso. Apenas corrió 25 metros, cayó agotado sobre la pista todo lo largo que era. En el segundo intento duró 10 metros y medio… y ¡zas! de nuevo se tumbó en la hierba con las patas temblorosas y sin fuerza.
-        ¡No lo entiendo! Si llevo sangre campeona en mis venas ¿por qué debo entrenar para ganar carreras? ¡Qué pereza!


De mal humor y a regañadientes, el pequeño aprendiz fue llevado a una granja cercana. Era su última oportunidad. Allí conoció a Zapatilla, una potrilla joven como él; traviesa, como él. Sin embargo, entre los dos había una gran diferencia. Mientras Bolero torcía el gesto, relinchaba enfadado y trataba de huir de todo aquel que le quisiera llevar a la pista de entrenamiento, Zapatilla trotaba contenta y feliz cada vez que escuchaba la campanilla que daba inicio a sus experimentos como futura campeona. ¡Qué maravilla! ¡Cómo disfruto corriendo por estos campos! ¡Es una gran suerte aprender un oficio y divertirse con ello!
Zapatilla y Bolero se hicieron grandes amigos. Aprendieron juntos a galopar. Juntos recorrían a diario kilómetros y kilómetros sin sentir el más mínimo cansancio. Bolero estaba desconocido. ¡Qué bien se lo pasaba al lado de su amiga Zapatilla! Y de aquí en adelante todo fue mucho más fácil. Bolero llegó a ser el gran campeón que hoy es a base de esfuerzo, tesón, alegría…  y ¡por supuesto! de los ánimos que siempre le daba su querida Zapatilla.




COMENTARIO FINAL: Zapatilla también es hoy una gran campeona, pero el protagonista de este cuento es Bolero.  El cuento de Zapatilla lo escribiré más adelante.


                                                                                 F I N

P.D.   Relato con dedicatoria especial para Marta, la peque de Margari.

8 comentarios:

ROMÁN dijo...

¡Si es que siempre he pensado que un buen Bolero no se puede bailar sin unas estupendas Zapatillas... Estoy seguro que el cuento le va a encantar a Marta.
Muás.

KONCHA MORALES dijo...

¡Ole el ingenio de mi hermano! Muásss

Pedro Luis López Pérez dijo...

¡Que bonita Historia! Bolero tenía que dejar el pabellón bien alto. No lo hizo por ser quien era ni por venir de donde venia. Lo logró con constancia, paciencia y, sobre todo, gracias a Zapatilla que le estimuló y le hizo ver lo bonito de sus profesiones.
Un precioso cuento, Concha.
Un abrazo y una caricia
¡Ah! Por cierto hay alguna Zapatilla para Kafeto...¡Ay!¡Pillín!

Margari dijo...

¡Preciosa historia! Me la dejo guardadita para mañana leerla con mi peque. ¡Muchas gracias por la dedicatoria! Ya me estoy viendo su carita de sorpresa mañana!!!
Y Bolero será el protagonista, pero sin Zapatilla no hubiera hecho nada. ¡Ya estoy deseando leer su cuento!
Besotes!!!

KONCHA MORALES dijo...

Pues verás, Pedro, yo creo que Kafeto en sus andanzas de estos días atrás ha debido de conocer a alguien muy especial porque le encuentro un pelín suspirador... Ya te iré contando.

Margari, me pongo manos a la obra. Pronto conoceremos las aventuras de Zapatilla ¡faltaría más!

Bsazos para los dos.

Margari dijo...

¡Sorpresa total la de mi peque! No sé qué le ha gustado más, si el cuento o que se lo hayas dedicado... Está de un importante... Pero sí, el cuento le ha encantado. Y está de acuerdo conmigo, que para algo soy su mami, quiere saber más de Zapatilla. Ahí, a meterte presión Koncha! Jajaja
Besotes!!!

mientrasleo dijo...

Es un relato precioso, o cuento si lo prefieres que parece que la palabra ha caído en desuso desconozco el motivo.
Un beso y buen domingo

KONCHA MORALES dijo...

Gracias mientrasleo. Yo creo que en este caso da igual cuento que relato. Y para mí son bonitas las dos. Bsazo!